Cansada
Sí, estoy cansada. Estoy harta. Estoy cansada de matenerme al tanto de cuanto dicen oportunistas cubanos en el extranjero.
Estoy harta de tener que explicar a la gente lo que Fidel Castro y su socialismo aportaron de verdad a los cubanos.
Estoy cansada de tener que explicar que Cuba no es un paraíso para los cubanos.
Estoy cansada de decirle a la gente lo miserable que es la vida para la mayoría del pueblo cubano.
Estoy cansada de explicar que la difícil situación de Cuba se debe a la incompetencia de un gobierno de idiotas corroídos ideológicamente y no al embargo estadounidense.
Estoy cansada de discutir con ignorantes que defienden el cruel régimen cubano delante de sus mesas llenas y con la voz libre.
Estoy cansada de explicar a los despistados que creen saber más que nadie que nadie sabe si el pueblo cubano quiere este sistema al que se le ha obligado o qué es lo que realmente quiere, porque no se le ha preguntado.
Estoy cansada de dedicar mi tiempo, aunque solo sea para despreciarlos, a los eternos izquierdistas que aprueban el experimento "socialista" que niega a los cubanos sus derechos como seres humanos.
Estoy cansada de explicar a la gente que decora su pared con un periódico Granma enmarcado como recuerdo de unas magníficas vacaciones en Cuba, por qué es inapropiado.
Estoy cansada de oír "eso no lo sabía" cuando hablo de la vida cotidiana en Cuba bajo el mandato de Fidel Castro.
Estoy harta de sermonear a los operadores turísticos que, a sabiendas de la miseria de la población y del destino de sus inversiones en Cuba, la promocionan como un lugar que „merece la pena visitar“, y ocultan la verdad a los turistas potenciales.
Estoy cansada de explicar a los turistas por qué su placer bajo el sol cubano significa represión para los disidentes.
Estoy harta de esperar a que los gobiernos del mundo libre tomen las medidas necesarias para que el régimen cubano libere a todos los presos políticos.
Estoy cansada de contar la verdad cubana que solo interesa a unos pocos.
Pero antes de retirarme del todo, explicaré una vez más a los ignorantes: gracias a la mala gestión socialista, la inmensa mayoría de los cubanos de Cuba viven en malas condiciones, sin alimentos ni medicamentos suficientes. Y no, no es por el embargo estadounidense. A pesar del embargo, en Cuba se venden alimentos de producción estadounidense, ahora en supermercados donde sólo se puede pagar con dólares. Hace unas semanas se inauguró el edificio más grande de Cuba, que costó más de 200 millones de dólares. Hace unos días tuvo lugar otro de los lujosos eventos para la élite cubana y visitantes extranjeros. El beneficiario de esta y otras comodidades turísticas y también el beneficiario de las excursiones a la isla de turistas ordinarios de Europa y otros lugares a la isla, es un gigantesco holding gestionado por los militares, incluidos los „Castroligarcas“. Esto nos lo muestra más de lo que quisiera Sandro Castro, que todavía presume en Internet de su cómoda vida como nieto del dictador Fidel Castro.
Los cubanos viven durante horas sin electricidad, sin leche para sus hijos, sin medicinas para los ancianos. Y sin libertad. Sin libertad por culpa del régimen totalitario que Fidel Castro instauró sin mandato. Sin libertad para decir lo que piensan y sin libertad para actuar sin coacción ideológica. Por eso muchos están en la cárcel, condenados a penas inconmensurables. El hecho de que algunos de ellos hayan sido excarcelados antes de cumplir su injusta condena no minimiza la injusticia; el régimen ha dejado claro que no se trata ni de indultos ni de amnistías. Y todavía deben haber más de mil personas en las cárceles cubanas como presos políticos. Los que han sido liberados están ciertamente felices de haber escapado del infierno, psicológica y físicamente destrozados. Algunos no han vuelto a ver a sus familias ni las volverán a ver porque murieron en cautiverio. Murieron golpeados por los guardias, otros por las condiciones de la prisión. El hacinamiento, la falta de atención médica, la desnutrición y las condiciones antihigiénicas ponen en peligro la vida de los presos y favorecen la propagación de enfermedades. Recientemente, algunos han muerto de tuberculosis.
Sí, estoy cansada de apelar a la conciencia de los pueblos del mundo libre para que despierten su dormida compasión por los presos políticos cubanos. Esos jóvenes a los que el régimen castrista ha robado su juventud y cuya llama de la vida se apaga lentamente en las mazmorras cubanas mientras se destruyen los sueños de sus familias.
Y lo lamento. Pero estoy cansada.
Nat Neumann, marzo de 2025
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